Obras en la Iglesia

Publicado en el nº 3 de La Nueva Boronía (Noviembre 2015)

Desde que se construyó la iglesia de Santa Marta, en el siglo XVI, varias han sido las obras y reformas que se han sucedido en la misma. La última, realizada entre mayo y septiembre de este año, ha supuesto un cambio importante en el aspecto interior de nuestro templo.

Muchas son las historias que se cuentan sobre la Iglesia Parroquial de Santa Marta, nuestra iglesia. Se habla de que fue construida en dos épocas distintas o de que el terremoto de Lisboa afectó a alguna de sus partes. Lo cierto es que sólo podemos afirmar aquello de lo que tenemos constancia a través de diferentes documentos históricos o a través de estudios realizados por profesionales como los historiadores o arqueólogos.

Y mediante estas fuentes sabemos que alrededor del s. VII, en época visigoda, existía un templo cristiano donde hoy se sitúa la sacristía y las estancias posteriores a la iglesia, pues se encuentran algunos restos que así nos lo indican. Pero esa construcción apenas ha sobrevivido.

Será ya en el s. XVI cuando se levante la iglesia que hoy conocemos. En primer lugar, en busca de un proyecto ambicioso, se construye el presbiterio con su bóveda de crucería estrellada y muros con contrafuertes de sillares de granito y mampostería. Sin embargo, no se llegó a terminar tal proyecto y así, en una construcción inmediatamente posterior, se definen la nave central con bóveda de cañón y las capillas laterales, que tendrán una altura menor.  La última parte construida será la portada granítica de mampostería encalada, que se cree de época más tardía.

Un bien a proteger

Es por su valor histórico por lo que la Iglesia se encuentra en el Catálogo de Bienes a Proteger de Salvaleón, así como dentro del Inventario de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura. Y esto no sólo supone un reconocimiento, sino que establece una serie de normas para la conservación de nuestro patrimonio.

Para ello, al amparo de la Ley  2/2008 de Patrimonio de la Comunidad Autónoma de Extremadura, se establecen distintos tipos de bienes y niveles de protección según su valor histórico, artístico, cultural, etc. De esta forma, cuanto más valor tenga el edificio, más restricciones tendrá en cualquier intervención que se le haga, pero más prioridad tendrá en cuanto a la financiación de su conservación, reforma o mantenimiento.

La Iglesia de Santa Marta es un bien inventariado con nivel de protección I, según las Normas Subsidiarias de Salvaleón, lo que quiere decir que debe protegerse en su totalidad.

¿Qué dice la Ley de Patrimonio?

La ley nos dice que deben preservarse las características arquitectónicas, esto es, tanto los elementos decorativos de la época (cornisas, nervios, arcos…) como la propia disposición de las salas de la iglesia, su distribución, su estructura, etc. Sin embargo, en la última reforma, se han reestructurado las escaleras del presbiterio.

Las normas también especifican que sólo puede suprimirse lo que esté justificado por un estudio desarrollado por un historiador y que cualquier parte que se reemplace debe integrarse con el resto, pero siempre distinguiéndose de las partes originales. Es decir, todo lo nuevo debe reconocerse como nuevo y no se pueden poner elementos que imiten lo original porque falsifican la historia de la iglesia. A pesar de ello, se han pintado columnas y cornisas simulando al granito y se han dispuesto numerosas molduras de yeso imitando al ladrillo y sustituyendo los nervios de las bóvedas.  De esta manera, de la capilla lateral no se mantiene ningún nervio original.

Además, toda intervención debe ser llevada a cabo por algún técnico competente y autorizada por la Consejería de Cultura y Patrimonio, siendo necesaria la autorización para la aprobación de la licencia de obras por parte del Ayuntamiento. Por tanto, éste no puede autorizar una obra que no haya sido aprobada por la Consejería y previo informe de un historiador.

Esta serie de normas hacen que se garantice la correcta conservación de nuestro patrimonio. Si observamos atentamente, vemos que en épocas distintas se empleaban materiales o técnicas diferentes que nos ayudan a poner fecha a las múltiples partes de la construcción.  Está claro que en el futuro, los historiadores no tendrán duda de que el tambor de ladrillo visto o la reforma del campanario son del s. XXI.

Además de lo antes mencionado, se han realizado en la actual reforma, según los documentos publicados en la misma, intervenciones como cerrar varias grietas que amenazaban en la sacristía, quitar el mortero original de arcos y de nervios de la crucería, abrir la puerta a la antigua biblioteca, descubrir las pilas de agua bendita  o fijar la parte superior del retablo.

¿Quiénes son responsables?

De la misma manera que la ley dispone las pautas a seguir, nos indica que siempre que los bienes protegidos estén deteriorados, tanto en su estructura como en su aspecto general, es de obligado cumplimiento que los propietarios, en este caso el Arzobispado de Mérida-Badajoz, intervengan para evitar su deterioro. Pero, en líneas generales, esto supone un gran desembolso de dinero. Por ello, existe un convenio entre la Iglesia y el Estado para la conservación de los monumentos propiedad de la misma. Pues no sólo son templos de culto y por tanto son responsabilidad de la Iglesia, sino que son bienes patrimoniales y por tanto forman parte de nuestra historia y de nuestra cultura. En la comunidad de Extremadura, concretamente, existe un acuerdo entre la Iglesia y la Junta que regula esto. Y, atendiendo al valor del bien patrimonial, se establece la prioridad en la financiación por parte de las instituciones públicas, siendo ambas partes responsables de la conservación y la protección de los monumentos religiosos.

Sin embargo la realidad, a menudo, no es esta. La financiación de la última reforma se ha llevado a cabo con dinero de donaciones y préstamos personales. Pero hablar de responsabilidad no sólo es hablar de dinero sino de mantener nuestro patrimonio y saber cómo protegerlo, elegir las soluciones adecuadas al amparo de la ley. Porque al igual que ésta nos indica cómo proteger el patrimonio, también establece responsables, delitos y sanciones. Porque todo lo que se haga siguiendo la normas, garantiza que no haya errores o, al menos, responsables  de ellos.

LA IGLESIA Y LO QUE CONTIENE

El retablo mayor de la iglesia de Salvaleón tiene un gran valor en sí mismo. Se realizó a principios del s. XVII, de manos de Salvador Muñoz, un reconocido retablista de la Escuela de Zafra.

Éste delegó en Juan Montaño tras su muerte, quien tuvo pleitos con la parroquia. No fue hasta 1623 cuando otro maestro terminó el retablo con su dorado. A finales de ese siglo, se desplomó y hubo que levantarlo de nuevo y, una centena de años después, se realizó la parte del sagrario.

Parece ser que las disputas económicas y las reformas no sólo son cosa de ahora.

ÁNGELES OÑIVENIS LORIDO

NOTA ACLARATORIA. Publicada en el nº 4 de La Nueva Boronía (Enero 2016)

ACLARACIÓN. En el reportaje del número anterior  “Obras en la Iglesia” se explicaba alguna de las intervenciones que se han hecho en la misma. Se hacía referencia a la sustitución de los nervios de la capilla lateral por molduras de yeso, tal como se ha hecho en algunas partes de la nave central. Sin embargo, hay un error: en la nave lateral se ha pintado encima de los nervios imitando el ladrillo, de ahí la confusión.

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