La Fábrika Detodalavida

Un grupo de jóvenes ha conseguido que el Ayuntamiento les ceda dos naves de la antigua fábrica de cemento de los Santos de Maimona, las han rehabilitado y convertido en un espacio para desarrollar proyectos sociales y culturales en beneficio de la comunidad.

En la sociedad de la imagen en la que vivimos, pocas veces queda sitio a la imaginación. Conocemos los lugares antes de haber ido e incluso a menudo, la realidad no alcanza las expectativas preestablecidas. Es por ello que cuando llegamos a un lugar que no esperamos o que no imaginamos, sentimos que es especial y queremos formar parte de él.

Hablar de la antigua cementera Asland, en los Santos de Maimona, como un lugar especial es insuficiente, porque aquel bosque de hormigón y hierro no sólo es resto de lo que un día fue, sino que refleja lo que ya está siendo: LaFábrika Detodalavida. Y es así porque así lo recuerda el grupo de jóvenes que se han propuesto recuperar este espacio industrial: de todos y de toda la vida.

Historia de la cementera

Construida para surtir a las obras del Plan Badajoz en 1956, la cementera estuvo en funcionamiento durante menos de veinte años para, posteriormente, pasar a manos del Ayuntamiento que terminó abandonándola por falta de rentabilidad económica. Nos encontramos, por tanto, ante uno de tantos edificios en desuso que sin embargo, forman parte de nuestro legado histórico.

Es  por ello que, como respuesta a unas necesidades sociales insatisfechas, a unas necesidades locales,  surge la idea de rehabilitar el espacio en un marco de gestión social. Es decir, reutilizar un lugar abandonado que es inherente al pueblo, autorehabilitarlo y ponerlo al servicio de la ciudadanía en un esfuerzo por activar la conciencia sobre los bienes comunes, también llamado procomún.

Tras un convenio con el Ayuntamiento de Los Santos de Maimona, disponen de dos de las naves existentes, y mediante la autoconstrucción y un duro año de trabajo han conseguido rehabilitarlas.

Para la financiación se han valido de micro donaciones   (sistema de crowd- funding) y de sus propios medios.

Sin embargo, lo más importante son los recursos humanos de los que han dispuesto: la Red de Arquitecturas Colectivas, una red internacional que promueve la construcción participativa, de las que se han nutrido de gente y de conocimientos; de sus familiares, amigos, etc. Todos colaborando de manera cooperativa. Meses tras meses trabajando bajo al sol, aprendiendo unos de otros y compartiendo otro de los bienes comunes: el conocimiento.

Siro, Jesús, Anuk, Nacho y Carlos en LFDTV

Una fábrica de ideas

Este grupo tiene claro sus objetivos: generar un espacio abierto, participativo, en el que cualquier proyecto al servicio del pueblo tenga cabida, en el que se produzcan una serie de redes y de tejidos humanos con valores culturales y del que surjan nuevos proyectos resultado de la sinergia de las personas que en él concurran. En definitiva, una auténtica fábrica de ideas.

Se está haciendo realidad con proyectos como una sociedad gastronómica con la que colaboran estrechamente. O con proyectos de autoempleo como asesoría de gestión social, producción cultural, talleres, formación, etc. Tanto llega esto a materializarse, que cuentan con la colaboración de una alumna francesa en prácticas de un Máster de Gestión Social.

Y aunque no hay que dejar de lado la sostenibilidad económica, conciben “lo social como un modelo dentro de ellos mismos”. Porque es en la sociedad, en el pueblo, donde se genera la mayor riqueza.

ÁNGELES OÑIVENIS

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