La Boronía de los 80’s

Allá por el año 1981 nació en Salvaleón la Revista Informativa y Cultural La Boronía. Con una recién estrenada democracia, esta publicación porrinera materializó el espíritu crítico de un grupo de jóvenes de nuestro pueblo y su deseo por compartir con el resto de vecinos sus inquietudes culturales, sus propuestas, sus críticas y su sentido del humor.

Hace ya casi 35 años desde que estos jóvenes se constituyeran como asociación cultural, la primera en la historia de Salvaleón, y comenzaran a publicar con más o menos regularidad una revista que recogía entrevistas, reportajes, poemas, noticias, pasatiempos o artículos de opinión, intentando llegar siempre al mayor número de porrineras y porrineros y contribuyendo al debate público sobre las cuestiones que atañían al pueblo. ¿Se acuerdan?

Entre 1981 y 1989 se publicaron 16 números de La Boronía
Algunos números de La Boronía

Mucho más que una revista

Las páginas de aquellos primeros números se escribían a máquina, los dibujos se hacían a mano y se distribuían con ilusión. Por mencionar algunas de las personas que hicieron posible aquel proyecto recordaremos que las portadas las dibujaba Pedro Carretero, quien también las vendía en su quiosco de la plaza; las entrevistas las realizaba normalmente Manolo Oñivenis con la ayuda de Ángela Flores, de Juan Sanjuán o de alguno de los colaboradores; sobre los deportes hablaba Paco Román, Manolo Espinosa o Aquilino Román; Juan Sanjuán se encargaba de encontrar la financiación para que la revista pudiera publicarse y Juan Gato “El del Estanco” de controlar cada peseta que se gastaba; ErrePé diseñaba los pasatiempos (y lo seguirá haciendo en La Nueva Boronía); Juan Román redactaba nostálgicos artículos de opinión y Fernando Serrano escribía editoriales en los que ya con veintitantos años dejaba claras su picardía y sus dotes literarias más audaces.

La Boronía fue mucho más que una revista, fue un ejemplo de colaboración de un grupo de vecinos que, de forma desinteresada, invirtieron su tiempo y sus esfuerzos durante casi una década , ya no solo en hacer realidad esta publicación sino también en organizar tertulias y debates sobre temas relacionados con Salvaleón o en hacer realidad aquel famoso cineclub.

El cineclub fue uno de los principales proyectos de la asociación. Todos recuerdan con cariño aquel proyector de súper ocho que tenían en los altos de lo que hoy es el Centro Cultural y de Formación “Fernando Serrano Mangas”. Con él proyectaban cine alternativo para después debatir sobre el tema de turno. No siempre fue un éxito de público pero todos lo recuerdan como momentos entrañables e inspiradores.

Una publicación abierta

Cualquiera que tuviera algo que aportar podía colaborar con la revista.  Además de los colaboradores ya mencionados, hubo otros como Emilio Lorido, Joaquina Contreras o Pepe García Trejo que también escribían y organizaban eventos como la semana cultural. Asimismo, ‘La Boronía’ atraía a personas del mundo cultural regional. En muchos de los números publicados podemos leer  artículos de Víctor Carande, un referente literario de nuestra región que ensalzó de forma decidida los valores de la vida rural, o poemas de Manuel Pacheco, poeta extremeño por excelencia.

Pero los personajes más ilustres que participaron en La Boronía eran los oriundos: mana Aquilina o mano Benigno compartieron toda su sabiduría popular con unos jovencísimos entrevistadores, que los grabaron cantando canciones populares, contando leyendas, refranes e historias de la cultura más auténtica y más porrinera. Ay, ¡si levantaran la cabeza! Menos mal que por entonces hubo quien se dio cuenta del valor de aquellos testimonio.

Entrevista a Rodríguez Ibarra (La Boronía, 1984)
Entrevista a Rodríguez Ibarra

Famosas fueron también las entrevistas que le hicieron al por entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, al cantautor Luis Eduardo Aute o al presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Allí donde podían iban estos jóvenes porrineros con su pila de preguntas y su grabadora.

Su espíritu crítico pero constructivo quedó latente en estas y otras entrevistas como las que les hicieron a los alcaldes de Salvaleón. No dudaron en cuestionar aquellas decisiones que consideraron erróneas o en pedir explicaciones cuando algo no les quedaba claro. Son entrevistas muy interesantes que animamos que todos lean en los números digitalizados de La Boronía que se irán publicando.

El Monte Porrino

Un tema muy recurrente en La Boronía, como a lo largo de toda la historia de nuestro pueblo, fue el Monte Porrino. Muchos son los artículos artículos que se escribieron sobre nuestra finca comunal, aunque hay un periodo especialmente convulso, aquel en el que saltaron rumores que alertaban de que la propiedad del Monte iba a pasar a manos del ICONA (antiguo Instituto de Conservación de la Naturaleza). Los integrantes de La Boronía quisieron esclarecer la polémica y organizaron una charla a la que invitaron a un técnico de esta institución, junto con otras personas del pueblo entendidas de lo que concernía al Monte. Aquella tarde, los vecinos de Salvaleón, que meses atrás se habían manifestado durante días en la plaza para pedir explicaciones, acudieron a esta charla gritando y creando una tensión que provocó su suspensión y unas horas muy angustiosas, según fuentes presentes en aquel momento. El Monte es, sin duda, un tema que siempre está de actualidad y quedespierta pasiones.

La financiación de La Boronía no fue fácil. A medida que la revista se iba haciendo más profesional, su publicación se hacía más costosa. Para recaudar perras, Juan Sanjuán negociaba con empresas locales y de otros pueblos su patrocinio. Así podemos ver en las distintas revistas anuncios del Bar del Chino, Pub Jardín, Caja de Ahorros de Badajoz o la Cooperativa Ganadera, cada uno hacía su aportación.

Lo recaudado, junto con la contribución del Ayuntamiento, era custodiado por Juan Gato  y servía para pagar los costes de edición. Su precio osciló entre 30 y 50 pesetas. También podía pagarse una suscripción anual para que saliera más baratito. Sea como fuere, siempre se las arreglaron para sacar la revista adelante.

Cada número de La Boronía se enviaba también por correo a los suscriptores que vivían fuera: a Madrid, Barcelona, Bilbao e incluso a Suiza. Allí donde los porrineros hemos llegado, llegó también La Boronía para dar cuenta de lo que en el pueblo se barruntaba.

ANTONIO ROMÁN

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